OverClocking


Overclocking es un término inglés compuesto que se aplica al hecho de hacer funcionar a un componente del ordenador a una velocidad superior a su velocidad de diseño original.





Literalmente significa "subir el reloj". El componente al que habitualmente se le aplica esta técnica es el procesador, pero también es útil para acelerar la memoria, tarjetas de vídeo y los dispositivos PCI, entrando en este último grupo el acceso a los discos, ya que sus controladoras, tanto las IDE como las SCSI van conectadas a ese bus.

El comportamiento del mundo de la informática viene definido por la “Ley de Moore”, que afirma que la potencia de los procesadores se duplica cada 18 meses. Hoy en día la rápida evolución tecnológica y los planes comerciales de las empresas nos hacen creer que nuestro ordenador se ha quedado "anticuado" al poco tiempo de comprarlo. Por anticuado no nos referimos a que el micro “se vuelva viejo”. Un micro va a funcionar durante toda su vida a la misma velocidad, la velocidad del micro no va disminuyendo a medida que pasa el tiempo. Lo que ocurre es que las nuevas aplicaciones cada vez demandan mayor potencia del procesador y ello nos lleva a preguntarnos si necesitamos más potencia de la que tenemos. Cuanta más potencia necesitemos, más podrá hacer el overclocking por nosotros. El overclocking puede hacer que nuestro ordenador rinda más con un coste mínimo. De esta manera, podremos retrasar la compra de un equipo nuevo, y comprar uno mejor que el que teníamos planeado por el mismo precio.

En el caso de los procesadores, la técnica más común consiste en hacerlo trabajar a una velocidad mayor de la que marca. Los microprocesadores se diseñan de acuerdo a una gama de velocidades de trabajo que está más o menos establecida desde el principio. Este diseño se realiza con criterios electrónicos (caminos de la corriente eléctrica dentro del chip) y térmicos (el calor máximo que el chip debe ser capaz de disipar). Desafortunadamente, la ingeniería y la fabricación de chips no son ciencias exactas, y es imposible a priori conocer la velocidad exacta a la que un determinado chip será capaz de funcionar. Una vez se han obtenido una serie de procesadores (en principio todos a una misma velocidad establecida, por ejemplo de 800Mhz), estos chips son testeados en un banco de pruebas. Aquellos que pasan las pruebas de funcionamiento
a 800Mhz. se etiquetan como tal y salen a la calle. Los que no pasan la prueba son trasladados sucesivamente a las pruebas de velocidades inferiores (766 ó 733 Mhz. por ejemplo) y se marcan para la velocidad en que hayan superado las pruebas. La exigencia de estas pruebas es muy grande, y siguiendo con el ejemplo, podríamos encontrar en el mercado un micro originalmente diseñado a 800Mhz pero etiquetado como 733, lo que nos daría un “amplio” nivel de overclocking.


Este nivel de overclocking de un procesador dependerá del tipo, y modelo en concreto; algunos realmente no se pueden forzar, o en cantidad mínima. Por norma general, la velocidad de los componentes puede verse aumentada en una media del 15%, siendo los procesadores de Intel los que permiten ser más forzados, mientras que los de AMD no tanto, ya que suelen trabajar al máximo de sus posibilidades.

Antes de ponernos "manos a la obra" debemos entender como se obtiene la velocidad del procesador. En la actualidad, la velocidad de la CPU viene dada por dos factores: La velocidad de reloj en la placa base (cuyo valor afecta a todos los componentes del ordenador) y el multiplicador de frecuencia (cuyo valor sólo afecta al procesador).

Estos valores, cuya configuración se realiza a través de la placa base, multiplicados el uno por el otro determinarán la velocidad en que trabajará el procesador.

Antes de ponernos "manos a la obra" debemos entender como se obtiene la velocidad del procesador. En la actualidad, la velocidad de la CPU viene dada por dos factores: La velocidad de reloj en la placa base (cuyo valor afecta a todos los componentes del ordenador) y el multiplicador de frecuencia (cuyo valor sólo afecta al procesador).

Estos valores, cuya configuración se realiza a través de la placa base, multiplicados el uno por el otro determinarán la velocidad en que trabajará el procesador.

Antes de ponernos "manos a la obra" debemos entender como se obtiene la velocidad del procesador. En la actualidad, la velocidad de la CPU viene dada por dos factores: La velocidad de reloj en la placa base (cuyo valor afecta a todos los componentes del ordenador) y el multiplicador de frecuencia (cuyo valor sólo afecta al procesador).

Estos valores, cuya configuración se realiza a través de la placa base, multiplicados el uno por el otro determinarán la velocidad en que trabajará el procesador.

En nuestro caso, la velocidad final del procesador es la misma, pero sin embargo, con la primera configuración aumentamos la velocidad del bus de la placa base, acrecentando de esta manera el rendimiento de todos los dispositivos instalados en ella (BUS PCI, memorias...) Por el contrario, la segunda configuración resulta mucho más conservadora, y no forzamos ninguno de los componentes del ordenador.

El siguiente paso es averiguar que valores de velocidad de placa base y multiplicador de la CPU está utilizando la configuración actual del sistema y que valores admite. Para ello recurriremos al manual de la placa base donde con todo detalle obtendremos dicha información, con lo que podremos hacernos una idea de las combinaciones posibles. Si no disponemos del manual, recurriremos a la web del fabricante donde encontraremos completa información.

Actualmente la velocidad de la placa base oscila entre los 66, 75, 83, 100, 112 Mhz, aunque otras placas disponen de una selección más amplia 50, 55, 60, 90, 95, 105, 110, 115, 120, 125, 133 y 150 MHz. Esto nos permite todavía mayor flexibilidad a la hora de combinar frecuencias, y en todo caso, si nuestra CPU se niega a trabajar a más velocidad, siempre podemos hacer que, aún funcionando la CPU a una frecuencia parecida, el bus de la placa base vaya más rápido, obteniendo velocidades de transferencia CPU-bus PCI más altas, lo que provoca un aumento de rendimiento global del sistema.

Los dos valores que determinan la velocidad del procesador (frecuencia del bus o reloj y multiplicador) se encuentran en la placa base. El método utilizado para cambiarlos depende del modelo de placa placa base en cuestión.

El problema principal es que simplemente el ordenador no funcione. Subir la velocidad a un procesador no es magia: Puede resultar, pero puede no hacerlo. Si forzamos el micro demasiado, normalmente se negará a arrancar, tendremos bloqueos ocasionales o algunos programas no funcionarán, etc. Además, en caso de que funcione en primera instancia, puede ocurrir que más tarde el micro de problemas debido a tres características de los circuitos electrónicos:

1 Aumento del calor: Al aumentar la velocidad de funcionamiento, aumentamos la cantidad de electricidad que pasa a través del circuito, y por consiguiente, el calor que desprende el mismo, que en caso de ser excesivo puede ocasionar fallos e incluso defectos permanentes en el chip.
2 Electro-migración: Éste es un concepto algo ambiguo. Se sabe que las mayores velocidades de funcionamiento causan una especie de erosión de los circuitos del micro. Esta erosión puede causar defectos con el tiempo y, obviamente, forzar un procesador a una frecuencia mayor puede acelerar mucho este proceso. Sin embargo, no está claro que este proceso sea determinante en la (breve) vida de un microprocesador.


3 Alteración de la configuración global del equipo: Forzar la frecuencia del micro implica en muchos casos aumentar la frecuencia de otros componentes: memoria, placa base, tarjeta de vídeo.
4 Garantía del equipo: Realizar overclocking sobre el procesador o modificar la configuración “de fábrica” de cualquiera de los componentes internos del mismo comporta la pérdida automática de la garantía.

Por todo ello hay que tener en cuenta que podemos dañar gravemente al ordenador, al hacerlo funcionar muy por encima de sus posibilidades.


El problema principal es que simplemente el ordenador no funcione. Subir la velocidad a un procesador no es magia: Puede resultar, pero puede no hacerlo. Si forzamos el micro demasiado, normalmente se negará a arrancar, tendremos bloqueos ocasionales o algunos programas no funcionarán, etc. Además, en caso de que funcione en primera instancia, puede ocurrir que más tarde el micro de problemas debido a tres características de los circuitos electrónicos:

1 Aumento del calor: Al aumentar la velocidad de funcionamiento, aumentamos la cantidad de electricidad que pasa a través del circuito, y por consiguiente, el calor que desprende el mismo, que en caso de ser excesivo puede ocasionar fallos e incluso defectos permanentes en el chip.
2 Electro-migración: Éste es un concepto algo ambiguo. Se sabe que las mayores velocidades de funcionamiento causan una especie de erosión de los circuitos del micro. Esta erosión puede causar defectos con el tiempo y, obviamente, forzar un procesador a una frecuencia mayor puede acelerar mucho este proceso. Sin embargo, no está claro que este proceso sea determinante en la (breve) vida de un microprocesador.


3 Alteración de la configuración global del equipo: Forzar la frecuencia del micro implica en muchos casos aumentar la frecuencia de otros componentes: memoria, placa base, tarjeta de vídeo.
4 Garantía del equipo: Realizar overclocking sobre el procesador o modificar la configuración “de fábrica” de cualquiera de los componentes internos del mismo comporta la pérdida automática de la garantía.

Por todo ello hay que tener en cuenta que podemos dañar gravemente al ordenador, al hacerlo funcionar muy por encima de sus posibilidades.


El problema principal es que simplemente el ordenador no funcione. Subir la velocidad a un procesador no es magia: Puede resultar, pero puede no hacerlo. Si forzamos el micro demasiado, normalmente se negará a arrancar, tendremos bloqueos ocasionales o algunos programas no funcionarán, etc. Además, en caso de que funcione en primera instancia, puede ocurrir que más tarde el micro de problemas debido a tres características de los circuitos electrónicos:

1 Aumento del calor: Al aumentar la velocidad de funcionamiento, aumentamos la cantidad de electricidad que pasa a través del circuito, y por consiguiente, el calor que desprende el mismo, que en caso de ser excesivo puede ocasionar fallos e incluso defectos permanentes en el chip.
2 Electro-migración: Éste es un concepto algo ambiguo. Se sabe que las mayores velocidades de funcionamiento causan una especie de erosión de los circuitos del micro. Esta erosión puede causar defectos con el tiempo y, obviamente, forzar un procesador a una frecuencia mayor puede acelerar mucho este proceso. Sin embargo, no está claro que este proceso sea determinante en la (breve) vida de un microprocesador.


3 Alteración de la configuración global del equipo: Forzar la frecuencia del micro implica en muchos casos aumentar la frecuencia de otros componentes: memoria, placa base, tarjeta de vídeo.
4 Garantía del equipo: Realizar overclocking sobre el procesador o modificar la configuración “de fábrica” de cualquiera de los componentes internos del mismo comporta la pérdida automática de la garantía.

Por todo ello hay que tener en cuenta que podemos dañar gravemente al ordenador, al hacerlo funcionar muy por encima de sus posibilidades.


El problema principal es que simplemente el ordenador no funcione. Subir la velocidad a un procesador no es magia: Puede resultar, pero puede no hacerlo. Si forzamos el micro demasiado, normalmente se negará a arrancar, tendremos bloqueos ocasionales o algunos programas no funcionarán, etc. Además, en caso de que funcione en primera instancia, puede ocurrir que más tarde el micro de problemas debido a tres características de los circuitos electrónicos:

1 Aumento del calor: Al aumentar la velocidad de funcionamiento, aumentamos la cantidad de electricidad que pasa a través del circuito, y por consiguiente, el calor que desprende el mismo, que en caso de ser excesivo puede ocasionar fallos e incluso defectos permanentes en el chip.
2 Electro-migración: Éste es un concepto algo ambiguo. Se sabe que las mayores velocidades de funcionamiento causan una especie de erosión de los circuitos del micro. Esta erosión puede causar defectos con el tiempo y, obviamente, forzar un procesador a una frecuencia mayor puede acelerar mucho este proceso. Sin embargo, no está claro que este proceso sea determinante en la (breve) vida de un microprocesador.


3 Alteración de la configuración global del equipo: Forzar la frecuencia del micro implica en muchos casos aumentar la frecuencia de otros componentes: memoria, placa base, tarjeta de vídeo.
4 Garantía del equipo: Realizar overclocking sobre el procesador o modificar la configuración “de fábrica” de cualquiera de los componentes internos del mismo comporta la pérdida automática de la garantía.

Por todo ello hay que tener en cuenta que podemos dañar gravemente al ordenador, al hacerlo funcionar muy por encima de sus posibilidades.


El problema principal es que simplemente el ordenador no funcione. Subir la velocidad a un procesador no es magia: Puede resultar, pero puede no hacerlo. Si forzamos el micro demasiado, normalmente se negará a arrancar, tendremos bloqueos ocasionales o algunos programas no funcionarán, etc. Además, en caso de que funcione en primera instancia, puede ocurrir que más tarde el micro de problemas debido a tres características de los circuitos electrónicos:

1 Aumento del calor: Al aumentar la velocidad de funcionamiento, aumentamos la cantidad de electricidad que pasa a través del circuito, y por consiguiente, el calor que desprende el mismo, que en caso de ser excesivo puede ocasionar fallos e incluso defectos permanentes en el chip.
2 Electro-migración: Éste es un concepto algo ambiguo. Se sabe que las mayores velocidades de funcionamiento causan una especie de erosión de los circuitos del micro. Esta erosión puede causar defectos con el tiempo y, obviamente, forzar un procesador a una frecuencia mayor puede acelerar mucho este proceso. Sin embargo, no está claro que este proceso sea determinante en la (breve) vida de un microprocesador.


3 Alteración de la configuración global del equipo: Forzar la frecuencia del micro implica en muchos casos aumentar la frecuencia de otros componentes: memoria, placa base, tarjeta de vídeo.
4 Garantía del equipo: Realizar overclocking sobre el procesador o modificar la configuración “de fábrica” de cualquiera de los componentes internos del mismo comporta la pérdida automática de la garantía.

Por todo ello hay que tener en cuenta que podemos dañar gravemente al ordenador, al hacerlo funcionar muy por encima de sus posibilidades.


El problema principal es que simplemente el ordenador no funcione. Subir la velocidad a un procesador no es magia: Puede resultar, pero puede no hacerlo. Si forzamos el micro demasiado, normalmente se negará a arrancar, tendremos bloqueos ocasionales o algunos programas no funcionarán, etc. Además, en caso de que funcione en primera instancia, puede ocurrir que más tarde el micro de problemas debido a tres características de los circuitos electrónicos:

1 Aumento del calor: Al aumentar la velocidad de funcionamiento, aumentamos la cantidad de electricidad que pasa a través del circuito, y por consiguiente, el calor que desprende el mismo, que en caso de ser excesivo puede ocasionar fallos e incluso defectos permanentes en el chip.
2 Electro-migración: Éste es un concepto algo ambiguo. Se sabe que las mayores velocidades de funcionamiento causan una especie de erosión de los circuitos del micro. Esta erosión puede causar defectos con el tiempo y, obviamente, forzar un procesador a una frecuencia mayor puede acelerar mucho este proceso. Sin embargo, no está claro que este proceso sea determinante en la (breve) vida de un microprocesador.


3 Alteración de la configuración global del equipo: Forzar la frecuencia del micro implica en muchos casos aumentar la frecuencia de otros componentes: memoria, placa base, tarjeta de vídeo.
4 Garantía del equipo: Realizar overclocking sobre el procesador o modificar la configuración “de fábrica” de cualquiera de los componentes internos del mismo comporta la pérdida automática de la garantía.

Por todo ello hay que tener en cuenta que podemos dañar gravemente al ordenador, al hacerlo funcionar muy por encima de sus posibilidades.


Cybernetic -unimedia@xombra.com

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